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Encuentro Internacional de Cachilas - La Floresta 2015

Un nuevo Encuentro de Cachilas en La Floresta, fiesta inovidable.

 

 VIDEO ENCUENTRO CACHILAS LA FLORESTA 2015

ADELANTO FOTOS CACHILAS LA FLORESTA 2015

 

Viernes 6, el comienzo: visita a Soca y al Santuario de la Virgen de las flores

 

Por quinto año consecutivo se llevó a cabo el Desfile de Cachilas de La Floresta,

que fue a la vez su cuarta edición internacional. Los cachileros más madrugadores comenzaron a llegar desde Argentina el viernes 6. Con ellos y con los compatriotas provenientes del balneario y de parajes cercanos se hizo, esa misma tarde, una primera salida hacia Soca, transitando la ruta 35. La visita a la ciudad vecina volvió a ser, como en oportunidades anteriores, una fiesta para el pueblo. El grupo visitó luego el Santuario de la Virgen de las Flores y regresó a casa.

 

Sábado 7, por la mañana: Atlàntida, Las Toscas, Parque del Plata, Las Vegas, La Floresrta y Costa Azul 

 

El evento, evocador de un pasado que el público explora, excitado y con curiosidad –si se trata de los jóvenes-,y con nostalgia por parte de los veteranos, continuó a la mañana siguiente, Ya el número de cachileros había aumentado considerablemente y una larga fila de automóviles antiguos recorrió la avenida Ferreira conmocionando a Atlántida, Las Toscas y Parque del Plata. Luego de un breve trayecto por la Interbalnearia, ingresó a Las Vegas y recorrió La Floresta y Costa Azul. Los vecinos flanqueaban las calles, plazas y avenidas para saludar su paso y aplaudir a la comitiva.

 

Internacional, excepcional, único

 

Este Desfile nuestro tiene un marcado acento internacional. A las cachilas que convergen desde todos los rincones del país, se agrega un número creciente de amigos argentinos –que en algunos casos recorren más de mil kilómetros para llegar hasta nosotros. También vienen aficionados desde Brasil e incluso hay un orgulloso representante de nuestro querido Paraguay, nación hermana que tiene una presencia muy fuerte en La Floresta ya que entre nosotros veranean, desde ya hace muchos años, varias familias provenientes de la tierra guaraní. Se trata de una comunidad muy apreciada que temporada tras temporada crece en número y multiplica la riqueza de los vínculos que nos unen.

Teníamos 70 unidades registradas y calculábamos un número de 150 visitantes entre cachileros y acompañantes. La sorpresa fue enorme: desfilaron 88 cachilas y nos visitaron 210 amigos de aquí y allá.

 

Estas cifras dejan en claro que el Desfile de Cachilas de La Floresta es la realización más importante de su género en Uruguay (donde en los encuentros similares se exhibe un promedio de 25 automóviles). En realidad, si se tiene presente que los eventos que se llevan a cabo en Argentina reúnen habitualmente un máximo de 50 vehículos, puede concluirse que el nuestro, el de nuestro balneario. resulta único en la región por sus dimensiones.

 

Pero no todo es cuestión de números. A la cantidad excepcional de unidades -todas ellas cuidadosamente conservadas y mantenidas- se agregó esta vez el atractivo de incluirse en la parada algunas muy interesantes y que no se ven con frecuencia: el camión antiguo de Lecumberri utilizado muchos años ha para la venta de hielo a domicilio (cuando las heladeras eran un mueble de roble dentro del cual había que colocar una barra de hielo) el camioncito que luce el letrero de la legendaria carbonerìa “El buen trato”, el primer vehículo de auxilio mecànico del Automóvil Club del Uruguay, varios Ford T anteriores a 1920, los tradicionales temáticos de la familia Praderio de La Floresta, (camión de bomberos, camión celular para el transporte de presos, el ómnibus de dos pisos, la limusina, etc.) y como elemento novedoso en esta ocasión, dos coches de Onda restaurados, listos para volver a brillar con su luz plateada en las rutas y calles del Uruguay.

 

El desfile principal, sábado 7 al caer la tarde

 

En la tarde del sábado 7, la Rambla Dr. Miguel Perea de La Floresta se convirtió en el escenario espectacular de esta celebración única. La naturaleza y la gente se combinaron para generar un marco de insólita belleza: el mar eligió su mejor color y adoptó un verde intenso que se hacía transparente al elevarse la ola coronada de espuma; las playas bullìan animadas por un público multicolor, una multitud de paseantes curioseaba entre las cachilas, estàticas en orgullosa exhibición, el cielo se veía nítido y altísimo, vestido de su más patriótico celeste…

 

El sol todavía reinaba desde su altura en el firmamento y se prodigaba en innumerables destellos para subrayar la belleza de los bronces pulidos y lustrados, el espejo inmaculado de los cromados, la variedad de los colores que en una gama muy amplia y de gran riqueza cromática engalanaba a los vehículos.

 

Sorprendida y encantada, la gente continuaba llegando y circulaba por la rambla y sus aceras, contemplaba los automòviles, comentaba mil y un detalles notables o curiosos y tomaba fotografías. Muchos pudieron cumplir el sueño de verse retratados a bordo de una cachila de los años 20 y –mejor aún- del brazo de un caballero de galera y bastón, con grandes bigotes o luciendo una camisa blanquísima y anchos tiradores, tocado con un gran sombrero, un panamá o un bombín; o- si lo preferían-, flanqueados por una dama envuelta en encajes, protegida por una sombrilla de fantasía, ornada de plumas o semioculta y misteriosa al abrigo de una boa prodigiosa, de color subido.

 

Decenas de vecinos y visitantes del balneario se presentaron portando vestimenta de época. Elegantes y glamorosas, las señoras lucían encajes y puntillas, exhibían guantes, capelinas, y pamelas, paseaban sus figuras  evocadoras embozadas en chales y mantillas. Y los señores, -sus gorras, sus fracs, sus cazadoras a la moda de los twenties- no escatimaban tampoco la indumentaria deportiva de empaque señorial, o en su caso, el proletario mono del mecánico y aùn la chaqueta clásica del chauffer, sus antiparras y borceguíes, completando así el tono de alegre nostalgia que presidía la fiesta.

 

Al fin, la comitiva se puso en marcha para recorrer la rambla de La Floresta, previo desvío por la Avenida Artigas y visita de ida y vuelta al nuevo intercambiador sobre la ruta, retomando al cabo su recorrido original, para terminar en Costa Azul y admirar sus vistas espectaculares desde la altura de las barrancas, abrazadas por un mar y un cielo esplendorosos.

 

Al regreso, cuando comenzaba a declinar el sol y los brillos y reflejos arrancados a las cachilas tendían a moderarse, los colores –sin dejar de relumbrar- se hicieron más tenues, más cálidos, se tornaron apastelados. Irrumpió entonces una nueva y regocijante paleta que acompañó a la gloria de la puesta del sol. De nuevo en La Floresta, poco a poco la de la tarde se iba retirando y daba paso al crepúsculo. Los motores se apagaron, los fuegos se apaciguaron, quedó latiendo la alegría de la fiesta y la sensación íntima de haber vivido una jornada muy especial, digna de incorporarse al elenco de nuestros mejores recuerdos.

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